Estamos en, casi, ninguna parte... (A. Dolina)











sábado, 14 de junio de 2008

Vindicación de la melancolía





"¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?"
(Rubén Darío)


"That says my heart is on an all time low
So don't expect me
To behave perfectly
And wear that sunny smile
My guess is I'm in for a cloudy and overcast
Don't try and stop me
Cause I'm heading for that stormy weather soon"

(Mi melancholy blues , Freddie Mercury)


"Viene a mí, avanza,
viene tan despacio,
viene en una danza
leve, del espacio.

Cedo, me hago lacio
y ya vuelo, ave.
Se mece la nave,
lenta como el tul,
en la brisa suave
niña del azul."

(Oh, Melancolía, Silvio Rodríguez)




En el sentido profundo, la melancolía puede acercarse a una extraña forma de la felicidad que tiene mucho que ver con lo cognoscible.

Puesta a elegir, no sé si preferiría un estado de despreocupada complacencia; de puro contentamiento emocional. Primero porque creo que no existe tal condición, salvo en casos extremos de dificultad intelectual. Todos, en algún grado explicitado o no, somos sabedores de tres o cuatro verdades fundamentales que, hay que decirlo, no son demasiado felices.

Esas verdades atraviesan de parte a parte los costados más baladíes de nuestra experiencia, contaminándolo todo con el perfume de lo efímero, al mismo tiempo que son la fuente misma de donde emana la bienaventuranza.

Claro, otra cosa es reconocerlo, asumirlo, ocultarlo bajo una máscara de ignorante superficialidad antes de salir al kiosco o simplemente olvidarlo por un momento mientras huímos tras las urgencias de lo cotidiano. Más allá de estos mecanismos de adormecimiento, huir del dolor puede ser, al mismo tiempo, una forma de negarse el acceso a ciertas regiones de la beatitud.

Revolvemos inútilmente la obviedad de los cajones en su búsqueda, sin animarnos a encender los rincones oscuros de la conciencia, donde ha estado guardada desde siempre.

No existe la felicidad gratuita, corresponde el sobreaviso. Y si aceptamos pagar el canon, debemos asumir que la factura nos acompañará para siempre: la señal de creciente luminosidad que denuncia la caducidad de las más respetables eternidades.

También conviene señalar que circulan modestas copias de cartón prensado que ofrecen -no sin provocar sospechas- todos los beneficios sin los onerosos gravámenes del caso.
La dicha en comodísimas cuotas.

Las gentes sensatas suelen recomendarla con higiénica prevención.

7 comentarios:

Daniel Os dijo...

¿Será, entonces, que la felicidad es un trabajo al que le dedicamos porciones enteras de nuestras vidas sin talento pero con vocación?

Triste y hermoso a la vez, darse cuenta de haber sido feliz en el pasado. Con la impotencia de no haberlo descubierto a tiempo y llenarse los bolsillos previendo temporalidad. Clara señal, a la vez, de que la felicidad, perenne o no, es posible. Aunque sea para definir la melancolía.

Tal vez este sea un hermoso momento observado desde el futuro, y debe serlo, como lo toparme, María, con tus letras.

D.

Claudia Sánchez dijo...

Hola María Bonita!
Primero, lo primero: me encantó el cambio de color del blog. Ya demasiada negrura hay dando vueltas, y este azul noche estrellada te queda mucho mejor.
Segundo lo segundo: me puse celosa porque linkeaste a Daniel (capo) y a mi no (sniff, sniff!!).
Tercero: tenés razón, la felicidad gratuita no existe... y estoy empezando a sospechar que la felicidad en sí misma, no tiene identidad, como el dolor por ejemplo.
Tal vez la felicidad sea, en suma, la cantidad de esos pocos segundos en que somos deliberadamente inconscientes de esas tres o cuatro verdades fundamentales de nuestra existencia.
Besos,

María dijo...

Es materia opinable, claro.
Insisto en que la conciencia posibilita el acceso a la felicidad.
Sin ella, pueden dejarse pasar esos pocos segundos sin que nos percatemos de su valor.
También es cierto que, como la sombra, suele huir cuando se intenta aprendeherla.

Claudia, el link a aquello que "la memoria aún no ajustició" estaba desde hace un buen tiempo, creo que casi desde el principio de este blog, pero parece que recién ahora se ha hecho visible, quizá por el cambio de fondo o, tal vez, porque agregué otra dirección hoy.

Lo que hace un poco de azul... dirían los modernistas.

Ahora resuelvo el pendiente.
Saludos,

María dijo...

Claudia:
Ya está solucionado.
Aunque no sé bien qué función puede tener, dado que por aquí, salvo algún parroquiano trasnochado sin nada mejor qué hacer, no pasa mucha gente.
Es como instalar un quiosquito en medio del Área 51.


En fin.
Allá usted.

Adriana Lara dijo...

es muy cierto todo ello. El problema es cuando uno se deja gobernar por la melancolía. Si no, es algo disfrutable.

Vivianne dijo...

La melancolía va y viene, asi también la felicidad y la dualidad de todo siempre está presente, deberíamos tener un avisador interno una especie de alarma para estar atentos cuando se viene lo que nos puede hacer mal o hacer caer, pero la vida nos presenta infinitas oportunidades solo resta seguirlas, un abrazo, lindo tu blog!!!

CHarli* dijo...

llego a tu blog, por ese nik tan particular, quizas por las dos palabras fuertes, poderosas, significativas.
saludos c�lidos