Estamos en, casi, ninguna parte... (A. Dolina)











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sábado, 21 de junio de 2008

Pregunta...

Para los amigos que lo son, a pesar de que no tengo las respuestas.


sábado, 14 de junio de 2008

Vindicación de la melancolía





"¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?"
(Rubén Darío)


"That says my heart is on an all time low
So don't expect me
To behave perfectly
And wear that sunny smile
My guess is I'm in for a cloudy and overcast
Don't try and stop me
Cause I'm heading for that stormy weather soon"

(Mi melancholy blues , Freddie Mercury)


"Viene a mí, avanza,
viene tan despacio,
viene en una danza
leve, del espacio.

Cedo, me hago lacio
y ya vuelo, ave.
Se mece la nave,
lenta como el tul,
en la brisa suave
niña del azul."

(Oh, Melancolía, Silvio Rodríguez)




En el sentido profundo, la melancolía puede acercarse a una extraña forma de la felicidad que tiene mucho que ver con lo cognoscible.

Puesta a elegir, no sé si preferiría un estado de despreocupada complacencia; de puro contentamiento emocional. Primero porque creo que no existe tal condición, salvo en casos extremos de dificultad intelectual. Todos, en algún grado explicitado o no, somos sabedores de tres o cuatro verdades fundamentales que, hay que decirlo, no son demasiado felices.

Esas verdades atraviesan de parte a parte los costados más baladíes de nuestra experiencia, contaminándolo todo con el perfume de lo efímero, al mismo tiempo que son la fuente misma de donde emana la bienaventuranza.

Claro, otra cosa es reconocerlo, asumirlo, ocultarlo bajo una máscara de ignorante superficialidad antes de salir al kiosco o simplemente olvidarlo por un momento mientras huímos tras las urgencias de lo cotidiano. Más allá de estos mecanismos de adormecimiento, huir del dolor puede ser, al mismo tiempo, una forma de negarse el acceso a ciertas regiones de la beatitud.

Revolvemos inútilmente la obviedad de los cajones en su búsqueda, sin animarnos a encender los rincones oscuros de la conciencia, donde ha estado guardada desde siempre.

No existe la felicidad gratuita, corresponde el sobreaviso. Y si aceptamos pagar el canon, debemos asumir que la factura nos acompañará para siempre: la señal de creciente luminosidad que denuncia la caducidad de las más respetables eternidades.

También conviene señalar que circulan modestas copias de cartón prensado que ofrecen -no sin provocar sospechas- todos los beneficios sin los onerosos gravámenes del caso.
La dicha en comodísimas cuotas.

Las gentes sensatas suelen recomendarla con higiénica prevención.

domingo, 25 de mayo de 2008





Ahora, cuando no puedo quitarme este sabor metálico de la boca, constato la solidez de la distancia que se proyecta en arco tenso desde el aquel instante voraz.

Turbia naranja de bordes ácidos.
Naranja sin gajos.

Miro hacia atrás, a pesar de las advertencias.

No se llame pereza el detenerme a observar la superficie del recuerdo para ver cómo, mansamente, se demora el tiempo sobre mis párpados vacíos; ni el que los minutos persistan abrojados en el trasfondo rugoso de la memoria, hincados sus dientes en un párrafo inútil destinado al olvido.

Era un asunto necesario -me digo, incrédula- como la sucesión de los días negros y las noches amarillas.

Fue así, con la constancia interrumpida de lo inevitable, que empecé a anotar en esta libreta de locos, entre palabras imposibles, cuántos días van quedando en el tintero (porque lo no dicho evoca, de alguna manera, la rueca despiadada de lo que aún no ha sido).

Llevo escrito en el cielo del paladar aquello que sabe a silencio; a sonrisa fugaz y mirada que viene hacia mí cabalgando con la velocidad certera del rayo. Mirada que despierta un pasado dormido, que arroja bandadas caprichosas hacia las fauces mudas del horizonte. Mirada que juega inocente y sube y baja y ríe en breves tajadas.
Ríe... sonoramente dulce y vuela lejos de mí.

Lejos.

Intento -inútilmente- asfixiarla con el dorso de la lengua.

Derrama su contenido tibio.

Mirada roja como el metálico y mentiroso sol de otoño, que enciende fríos y ajusta cuentas con la cuerda memorial de la distancia.

Naranja rota, sin gajos.


Visión del escribiente





"Frente a mí se extiende el mundo, el vasto mundo de los grandes, pequeños y medianos. Universo de reyes y presidentes y carceleros, de mandarines y parias y libertos, de jueces y testigos condenados; estrellas de primera, segunda, tercera y n magnitudes, planetas, cometas, cuerpos errantes y excéntricos o rutinarios y domesticados por las leyes de la gravedad, las sutiles leyes de la caída, todos llevando el compás, todos girando, despacio o velozmente, alrededor de una ausencia. En donde dijeron que estaba el sol central, el ser solar, el haz caliente hecho de todas las miradas humanas, no hay sino un hoyo y menos que un hoyo: el ojo de pez muerto, la oquedad vertiginosa del ojo que cae en sí mismo y se mira sin mirarse. Y no hay nada con qué rellenar el hueco centro del torbellino. Se rompieron los resortes, se desplomaron los lazos visibles o invisibles que unían una estrella a otra, un cuerpo a otro, [...] no son sino un enredijo de alambres y pinchos, una maraña de garras y dientes que nos retuercen y mastican y escupen y nos vuelven a masticar. Nadie se ahorca con la cuerda de una ley física. Las ecuaciones caen incansablemente en sí mismas."



Octavio Paz en "Libertad bajo palabra". Ed. Cátedra.

domingo, 4 de mayo de 2008

Rabo de nube



Si me dijeran, pide un deseo,

preferiría un rabo de nube,

un torbellino en el suelo

y una gran ira que sube.



Un barredor de tristezas,

un aguacero en venganza

que cuando escampe parezca

nuestra esperanza.


Si me dijeran, pide un deseo,

preferiría un rabo de nube,

que se llevara lo feo

y nos dejara el querube.



Un barredor de tristezas,

un aguacero en venganza

que cuando escampe parezca

nuestra esperanza.



Luis Eduardo Aute

miércoles, 23 de abril de 2008




Mutra

[...]

Este día herido de muerte que se arrastra a lo largo del tiempo sin acabar de morir,

y el día que lo sigue y ya escarba impaciente la indecisa tierra del alba,

y los otros que esperan su hora en los vastos establos del año,

este día y sus cuatro cachorros, la mañana de cola de cristal y el mediodía con su ojo único,

el mediodía absorto en su luz, sentado en su esplendor,

la tarde rica en pájaros y la noche con sus luceros armados de punta en blanco, este día y las presencias que alza o derriba el sol con un simple aletazo:

[...]

todo este largo día con su terrible cargamento de seres y de cosas, encalla lentamente en el tiempo parado.

[...]

Todos vamos cayendo con el día, todos entramos en el túnel,

atravesamos corredores interminables cuyas paredes de aire sólido se cierran,

nos internamos en nosotros y a cada paso el animal humano jadea y se desploma,

retrocedemos, vamos hacia atrás, el animal pierde futuro a cada paso,

y lo erguido y duro y óseo en nosotros al fin cede y cae pesadamente en la boca madre.

[...]



Octavio Paz

miércoles, 16 de abril de 2008




Regreso por partida doble

No está.

Pero sé que vuelve.

Cuando las trombas endiabladas anuncien el ritmo de la aurora, llegará.

Cuando las horas interminables se agolpen alocadamente

en el seno de la oscuridad.

Y el cuerpo agonizante del mar se desplome en la orilla.


No temo.

Aunque truene su bocaza oscura.

Aunque la arena se desangre entre los dedos

y no haya esperanzas de mañana en esa danza rumiante y banal.

No temeré a los ojos que perforen horizontes

para explicar nuestra presencia.

Ni a las huestes de sal que se encabritarán sobre las aguas.


No tiemblo.

No te asustes.

Son los restos del día que se arrastran bajo mis pies sinceros.

Y no te extrañe que todo siga su curso

cuando la sombra rígida del viento nos quiebre las alas.

Me acurrucaré, entonces, en un rincón del cielo

y escucharé llegar sus errantes pisadas de animal sin dueño.


No me sigas.

No me esperes con la límpida paciencia de tus puños pedregosos

ni importunes con reclamos el sueño verbal de los poetas.

Tardaré más de la cuenta.

No me veas llorar.



sábado, 16 de febrero de 2008

En attendant Cousteau

Nada qué decir, más que se trata de otro pequeño delito blanco de tres minutos. Obra sobre la pieza musical de 47' que forma parte del trabajo "En attendant Cousteau" de Jean Michel Jarre.
El capricho orgánico de las líneas que perfilan la roca sedimentaria ha sido singular ocurrencia del viento, del mar, del tiempo.

¿Existirá, acaso, lo que no sea producto de la demencial factoría del tiempo?




Las recomendaciones de siempre: paciencia, es preferible dejarlo arrancar y pausarlo para que cargue. Una buena salida de audio (con bajos consistentes) mejora la experiencia.

jueves, 31 de enero de 2008

Tu nombre




Tu nombre

Nace de mí, de mi sombra,
amanece por mi piel,
alba de luz somnolienta.

Paloma brava tu nombre,
tímida sobre mi hombro.

Octavio Paz

domingo, 13 de enero de 2008

Tienes la cabeza llena de pájaros...

Otra excusa.
Esta vez, para escuchar "Calypso 2" (parte del trabajo "En attendant Cousteau") de JMJ.

Una marina con alas...




Otra vez, recomiendo arrancar el clip y, pasados unos segundos, dejarlo en pausa hasta que cargue completamente.
Conviene ajustar convenientemente el sonido, para que se escuchen los tonos más graves.
Esos que emergen desde el fondo del mar.


Más sobre pájaros y otros engendros en http://miradasconosur.blogspot.com

jueves, 3 de enero de 2008

Desdémona

El mar, el silencio, el tiempo.

El último puerto para este monumental osario de hierro dormido para siempre.

La bestia ha elegido el abrigo de un paisaje verde y azul que, de a ratos, se encabrita y crece tras el temible bramido del océano.

El viento implacable que baja desde las laderas cercanas, combate a la mole enarbolando su acerado filo.

Por toda respuesta, el silencio sube desde los oscuros camarotes y amenaza tragárselo con su bocaza despedazada, en la que se adivinan voces y risas antiguas.

El casco denuncia con bordes sordos, por debajo de alguna de las inútiles capas de pintura, un nombre lejano: "Hamburg".

Pero los navegantes saben que "Desdémona" duerme en el fin del mundo.





Como en los otros casos, conviene hacer arrancar el clip y luego ponerlo en pausa hasta que "cargue" totalmente. Esto garantiza poder verlo sin molestas interrupciones.
Y suban el volumen; escucharán algo muy próximo al sonido del viento entre las grietas de hierro.

domingo, 16 de diciembre de 2007

En attendant Cousteau

Algunas imágenes... acústicas y de las otras.

Las fotografías fueron tomadas el 15 de diciembre entre las 9 y las 10 de la noche. El lugar: caleta "La Misión".
En unos días tendremos el día más largo del año y después, la cíclica ruta hacia la noche polar.
Mientras tanto, el atardecer se prolonga indefinidamente.
Dos minutos de él, acompañados de un paisaje sonoro...